Contemplando la gloria del Hijo de Dios

Hoy me propongo no limitarme a mí mismo. Deseo abrir mi mente y mi corazón para contemplar al Hijo de Dios en toda su gloria.

Supervisa estos 3 aspectos para no ver más limitaciones en ti.

  1. No permitiré que ninguna ilusión o pensamiento negativo empañe la santa luz que mora en él.
  2. No buscaré sus debilidades o imperfecciones para socavar su soberanía. Él es el Hijo de Dios, mi hermano divino, y hoy quiero admirar su ternura y su perfección en lugar de aferrarme a mis propias ilusiones.
  3. Al contemplarlo a él, me veré a mí mismo. Pues él es lo que yo soy en esencia. Si puedo verlo en toda su verdad y pureza, entonces podré reconocer mi propia identidad divina. En este día, me comprometo a ver verdaderamente, sin juicios ni prejuicios, para poder finalmente reconocerme en él.

Mantente alerta en tu proceso espiritual

La contemplación de la gloria del Hijo de Dios no es algo que se limite a un momento fugaz. Es un proceso continuo que requiere de nuestra intención y dedicación. Cada día, al despertar, podemos recordar nuestra intención de ver más allá de las apariencias y reconocer la divinidad en cada ser humano, incluyéndonos a nosotros mismos.

Es fácil dejarse llevar por las apariencias y juzgar a los demás por sus acciones o comportamientos. Pero hoy elijo recordar que todos somos hijos de Dios, merecedores de amor y respeto. No importa cuán frágiles o limitados parezcan, todos somos portadores de la misma luz divina.

Al contemplar al Hijo de Dios, puedo ver su fuerza y su poder. Puedo ver el amor y la compasión que emana de su ser. Puedo ver su capacidad de perdonar y sanar. Puedo ver su sabiduría y su paz interior. Y al verlo, puedo reconocer que todo eso también está dentro de mí.

La contemplación de la gloria del Hijo de Dios nos libera de la ilusión de separación y nos conecta con nuestra verdadera naturaleza. Nos recuerda que somos seres espirituales teniendo una experiencia humana y que todos estamos en este viaje juntos.

Hoy es siempre en el plano espiritual

Hoy, al contemplar al Hijo de Dios, elijo ver a través de los ojos del amor. Elijo recordar que todos somos uno y que cualquier ataque o juicio hacia otro es un ataque y juicio hacia mí mismo. Elijo reconocer la divinidad en cada persona que encuentro y tratar a todos con respeto y compasión. Elijo ser un testigo de la gloria del Hijo de Dios y permitir que su luz brille a través de mí.

La Verdad acerca de la Espiritualidad

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